Los tatuajes como obras de arte

Aunque para gran parte de la población de cierta edad los tatuajes sean algo malo, una mancha, un foco de infecciones y algo de lo que te arrepentirás cuando seas mayor, en realidad no es más que una expresión de arte como otra cualquiera. Los tatuadores cada vez son más capaces de realizar diseños auténticamente espectaculares y, principalmente, los jóvenes acuden a ellos para convertirse en un lienzo donde esculpir algo con significado o simplemente estético.

Los tatuajes pueden ser algo más que un dibujo. No es solo tinta, sino una forma de expresión que nos permite mostrar al mundo nuestra identidad, nuestras creencias o, sencillamente, nuestros gustos. La actitud frente a la vida se puede demostrar demostrar de muchas maneras, y no hay por qué criticar a nadie si su decisión es hacerlo a través de los tatuajes.

Se trata de una actividad ancestral, con una larga tradición en diferentes sociedades, que han hecho de los tatuajes un arte que se ha transmitido a lo largo de los tiempos.

Con el paso de los siglos, los tatuajes han ido incorporando diferentes significados y se han adentrado en todas las culturas. Es obvio que en la sociedad occidental no tiene un significado tan profundo como para los maoríes, los tailandeses o los japoneses. Sin embargo, cada vez se está extendiendo más la costumbre de llevar varios tatuajes que nos recuerden a nuestros seres queridos, fechas relevantes o motivos más exóticos como suelen ser las letras en chino o los símbolos tribales.

Hay mucha gente que piensa que no se trata más que de una moda pasajera. Pero lo que es cierto es que en los últimos años está pegando bastante fuerte, y es posible que dentro de un tiempo, serán los que no lleven los tatuajes quienes sean considerados “raritos”, cambiando así el rumbo de la historia. Obviamente, este boom ha sido muy bien acogido por los tatuadores, que han pasado de la oscuridad a ser considerados unos artistas de tomo y lomo. Ellos valoran enormemente su trabajo y su talento y consideran que, aunque sea a menor escala que los cuadros que cuelgan en los museos, ellos también hacen arte. Cuando ves un tatuaje realmente bien hecho, no cabe duda de que la inspiración y el talento que ha imprimido el tatuador en su obra es digna de un artista. A fin de cuentas, para ellos es un lienzo en blanco, de carne y hueso eso sí, en el cual desarrollar toda su imaginación, siempre y cuando los clientes no hagan un encargo minuciosamente preciso y haya que ceñirse a él.

Además, del mismo modo que sucede con otras ramas del arte más incipientes, los tatuadores también están empezando a adquirir un reconocimiento social mayor e incluso algunos han llegado a tener el privilegio de ver sus obras expuestas en galerías de arte. Sin duda, en una sociedad tan moderna como la nuestra, sería un gesto de aperturismo reseñable que se le diera el mismo reconocimiento en el arte que en el imaginario colectivo de nuestra sociedad.

 

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