Las convicciones de Nelson Mandela

Volviendo a la primera carta que escribió al ministro de Justicia, Mandela habla de autodeterminación. Le dice: ‘Todos nosotros, sin excepción, fuimos sentenciados y condenados por actividades políticas en las cuales nos aventuramos como parte integral de nuestra lucha para conseguir para nuestra gente el derecho de la autodeterminación, reconocido en todo el mundo civilizado como derecho de nacimiento inalienable de todos los seres humanos.

Estas actividades estaban inspiradas por el deseo de resistir a las políticas raciales y las leyes injustas que violan el principio de los derechos humanos y las leyes fundamentales que forman los fundamentos del gobierno democrático.’

Un referente mundial

Una de las muchas estratagemas que los enemigos de Mandela utilizaron para inhabilitarlo como abogado fue acusarlo de comunista. La carta enviada al liquidador del Departamento de Justicia en octubre del 1967 es una de las más interesantes desde el punto de vista político y la defensa de los derechos humanos.

Dice: ‘En cuanto a la cuestión de mis creencias políticas, siempre me he considerado, por encima de todo, un nacionalista, y a lo largo de toda mi carrera política he sido influido por la ideología del nacionalismo africano. Mi única ambición en la vida, y siempre ha sido la misma, es colaborar en la lucha de mi pueblo contra la opresión y la explotación por parte de los blancos. Yo lucho por el derecho de los africanos de gobernarse a sí mismos en su país.’

Y continúa: ‘Aunque soy nacionalista, no soy de ninguna forma un racista. Acepto absolutamente el principio manifestado en el informe del Consejo de Planificación Conjunto del Congreso Nacional Africano y el Congreso Indio de Suráfrica, que aparece citado en la página 5 de la sentencia adjunta a su carta del 23 de mayo del 1967, según el cual todas las personas, independientemente de su adscripción nacional, merecen vivir una vida libre y llena basada en la igualdad absoluta.’

Y también: ‘Estoy firmemente convencido que sólo el socialismo puede poner fin a la pobreza, la enfermedad y el analfabetismo, que son frecuentes entre mi gente, y que el desarrollo industrial máximo es el resultado de la planificación centralizada y de la nacionalización de las empresas estratégicas del país. Pero no soy un comunista. En cuanto a Suráfrica, creo que el trabajo prioritario en favor de los oprimidos hoy no pasa por la introducción de un gobierno de los trabajadores ni por la construcción de una sociedad comunista. La tarea más importante que tenemos delante es poner fin a la supremacía blanca en todas sus ramificaciones, así como establecer un gobierno democrático en qué todos los sudafricanos, independientemente de su posición social, del color de su piel o de sus convicciones políticas, puedan vivir de lado en perfecta armonía.’

Y acaba: ‘Mi pensamiento, mis creencias políticas y mi actuación pública han sido dominadas por una ambición, que no es otra que reventar el mito de la supremacía blanca y volver a ganarnos nuestro país. Y la única organización que ha permitido en el pasado que nuestro pueblo haga grandes adelantos en nuestra lucha por la libertad, y que nos conducirá en el futuro hasta nuestro objetivo final, es y ha sido siempre el Congreso Nacional Africano, con su credo dinámico del nacionalismo africano. Todos mis esfuerzos para hacer avanzar la lucha de mi pueblo los he hecho a través del Congreso Nacional Africano.’